Diario al Día, Duarte- Un comerciante denunció haber sido atacado con una barra de hierro por un competidor y criticó la respuesta de las autoridades judiciales.
El afectado tiene un comedor y pica-pollo en la calle Bienvenido Fuertes Duarte, cerca de la rotonda de Los Rieles, con más de tres años funcionando.
Hace aproximadamente un mes, un hombre identificado como Rafael, conocido como “El Gordo”, abrió un negocio de comida justo al lado del suyo.
El nuevo vecino comenzó una competencia agresiva, ofreciendo cinco piezas de pollo por 200 pesos, mucho más barato que los negocios de la zona.
El denunciante cuenta que el 25 de enero, alrededor de las 5:30 de la tarde, Rafael lo amenazó por vender pastelitos y bolas de yuca.
Según el testimonio, el agresor le dijo: “No lo haga porque yo por mi negocio mato a cualquiera”, repitiendo la amenaza varias veces.
El comerciante decidió ignorar las advertencias y continuar vendiendo sus productos como siempre lo había hecho en los últimos tres años.
Más tarde esa noche, cerca de las 11:30, el afectado confrontó nuevamente a Rafael para decirle que vendería lo que quisiera en su negocio.
Fue entonces cuando el agresor entró a su local, salió con una barra de hierro y lo atacó directamente en la cabeza.
Un empleado de Rafael llamado Michael intentó detenerlo gritando “No, gordo, no lo hagas”, pero no pudo evitar el ataque completamente.
El comerciante asegura que salvó su vida gracias a un recipiente de acero inoxidable que recibió el impacto del golpe directo.
El pote, que todavía conserva hundido por el golpe, fue un regalo del hermano de su esposa y detuvo la barra mortal.
Tras el incidente, el afectado presentó la denuncia en el cuartel policial local, pero fue calificada únicamente como “amenaza”, no como intento de homicidio.
El denunciante critica duramente esta calificación, argumentando que hubo una clara intención de quitarle la vida con un objeto contundente y peligroso.
Han pasado ya 18 días desde la agresión y el comerciante ha visitado la fiscalía al menos tres veces sin obtener cambios en el expediente.
Las autoridades incluso le propusieron una reconciliación con su agresor, propuesta que el afectado rechazó completamente por considerar el ataque demasiado grave.
El comerciante expresó su preocupación porque las grabaciones de las cámaras de seguridad que captaron el ataque podrían borrarse por el tiempo transcurrido.
Desde el incidente, ha dejado de trabajar en horario nocturno por temor a represalias mayores, incluyendo la posibilidad de un incendio intencional.
El afectado declaró estar “muy decepcionado de la justicia y las autoridades” por la forma en que han manejado su caso estos 18 días.
Cuestionó la demora en conseguir las evidencias de las cámaras y criticó que parecen esperar a que “se materialice” su muerte para actuar.
Rafael también amenazó a otras personas que venden productos al comerciante, intentando aislarlo completamente de sus proveedores y eliminar su competencia.
El denunciante afirma que no podrá volver a trabajar normalmente mientras su agresor siga libre y sin consecuencias legales por el ataque.
Insiste en que llevará el caso hasta las últimas consecuencias y no aceptará ningún tipo de acuerdo o conciliación con quien intentó matarlo.
El comerciante hizo una excepción en sus críticas al mencionar positivamente a un general, diciendo que si hubiera 50 personas como él, la justicia sería diferente.
