Vadolin Marte Polanco dejó de existir luego de que el infractor, también en un motor, lo perjudicara físicamente de manera intencionada mientras intentaba escapar tras despojar una banca de más de veinticinco mil pesos dominicanos. El incidente ocurrió el pasado nueve de noviembre en horas de la mañana en la zona de Alma Rosa II.
Lo que comenzó como una mañana rutinaria el pasado nueve de noviembre terminó en tragedia para Vadolín Xavier Marte Polanco, un motorista de treinta y dos años conocido en la parada de Alma Rosa II, en la carretera de Mendoza, municipio Santo Domingo Este. Allí pasaba sus días, ofreciendo servicios a los vecinos y clientes habituales, entre ellos una banquera que operaba a pocos metros de la ruta, sin imaginar que sería el último día de su existencia.
Según relató su sobrino, Audry Guzmán, alrededor de las diez y treinta de la mañana un hombre que se desplazaba en un motor entró a la banca y cometió un despojo, llevándose más de veinticinco mil pesos. La empleada, en un intento desesperado por evitar la fuga, salió detrás del individuo, pero este la empujó con fuerza y la lanzó al pavimento.
Desde el suelo, alcanzó a gritar: “¡Un ladrón, un ladrón!“, encendiendo la alerta de quienes estaban en la zona. Entre ellos estaba Vadolin, quien al ver a la mujer tirada en la acera y al infractor huyendo a toda velocidad, no dudó en reaccionar. Subió a su motor y salió detrás del perpetrador, con la intención de impedir que escapara del lugar de los hechos.
Sin embargo, cuando el delincuente se percató que el hombre le alcanzó, le propinó un perjuicio al motor de Vadolin haciendo que perdiera el equilibrio. El impacto fue tan violento que Vadolin perdió la existencia de manera instantánea tras el contacto con el asfalto. El perpetrador logró huir del lugar y, hasta el momento, se desconoce su paradero.
Vadolin fue trasladado al Hospital Darío Contreras, donde permaneció en estado crítico hasta la noche del lunes, cuando dejó de vivir. Su pérdida dejó en luto a su familia y a los motoristas que compartían con él la jornada diaria en la parada de Alma Rosa II.